Antes que nada hay que dejar clara cuál es la función de un árbitro. Según la Real Academia de la Lengua, la definición de árbitro es: “persona que en algunas competiciones deportivas cuida de la aplicación del reglamento”.
A priori, nos queda muy claro y parece sencillo. La realidad, nos cuenta otra cosa.
Veamos a continuación, algunas incongruencias en su forma de concebir esta aplicación del reglamento y su particular justicia.
1. Una de las principales capacidades de un árbitro/juez es (o debería ser) saber permanecer frío, mantener una distancia anímica con lo que tiene que juzgar, para que esto no pueda afectarle en sus decisiones. Cuando alguien roba algo, se le aplica la pena que corresponde. En fútbol no sucede así: el árbitro puede ser que decida sancionar o no una acción, en función de lo que ha sucedido los momentos previos, explicaciones, protestas, etc. Los jueces ¿cambian la pena de un asesinato por lo que sucede los momentos previos al juicio o durante el mismo? En fútbol, por lo visto, sí.
2. El momento en el que se produce una infracción no debería influir en el tipo de sanción. Los árbitros de fútbol creen que sí. Normalmente, durante los primeros 15-25 minutos de partido está permitido “matar a un adversario”. Durante ese tiempo, con la excusa de que el partido lleva poco tiempo transcurrido, las jugadas no se sancionan de la misma manera que lo serían más tarde en el partido. Lo que en la segunda parte supone una tarjeta amarilla, en la primera no. Incluso una tarjeta roja, puede quedar sin sanción alguna (sólo una falta). No son acciones que dependan de ningún criterio. La sanción es la misma, independientemente del minuto (otra cosa sería si hablásemos de una reiteración de faltas, que no es el caso). Robar un coche a las 8 de la mañana, ¿es menos delito que a las 4 de la tarde? En fútbol, por lo visto, sí.
3. También la zona del campo influye en las sanciones. Cuando un jugador realiza una infracción, dependerá de donde sea para que se sancione o no. En medio del campo es bastante fácil sancionar las faltas. Pero esa misma falta dentro del área, deberá ser más espectacular, más agresiva y más vistosa, para que sea sancionada. La infracción es la misma, pero en el área no se pitará. Es como si hubiese un reglamento diferente dentro del área. ¿Se puede quemar contenedores en unas zonas de la ciudad y en otras no? En fútbol, por lo visto, sí. También ocurre algo similar si, en el área, la (misma) falta la comete un atacante (de un quipo) o un defensor (del otro).
4. Nos encontramos con equipos, que no quieren jugar desde el primer minuto, puesto que para ellos un empate es un buen resultado. Entonces las pérdidas de tiempo se producen desde el primer minuto. El árbitro nunca las sancionará, ni tan sólo advertirá a los jugadores. En cambio, si el equipo que está sufriendo ese anti juego, consigue marcar un gol –pongamos, en el minuto 80- y se le ocurre hacer una sola pérdida de tiempo (el portero retrasa el saque de meta o se desplaza un balón, etc) tiene la tarjeta asegurada. Es decir, un equipo puede haber perdido 5 minutos de juego y no se le sanciona, mientras que el otro, pierde 10 segundos y se le sanciona. Buen criterio…
Podríamos poner muchos más ejemplos de esa aplicación muy particular de la ley (como que tenga la misma sanción gesticular desde el banquillo que una patada en el pecho o, que el juez pueda mentir en el acta, etc.), pero, esto es como en “el Oeste”: lo que diga el sheriff no se puede rebatir y en la mayoría de los casos ni siquiera razonar. Queda mucho por mejorar, pero para ello, hay que escuchar a todo el mundo. Uno no puede tener la razón siempre (estadísticamente es imposible).
Joan Rodríguez
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